octubre 21, 2020

FM CIUDAD

DE YACUIBA PARA EL MUNDO

El tarijeño que mete goles con sándwiches y hamburguesas

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Alcides Flores M. Periodista

Como volante de contención es el encargado de recuperar la pelota y de crear. Como 6 en la cancha, su mente y energía son movidas por esta estrategia, y esta misma estrategia ha sido el punto de partida para crear su negocio, levantado en un mes y convertido en exitoso en tres meses en su natal Tarija. Ahora mete goles con hamburguesas y sándwiches.

Luis Vargas, durante dos años jugó en el club paceño Bolívar, equipo que le dio la oportunidad de vivir el momento más importante de su carrera futbolística: debutar en la Liga del Fútbol Profesional Boliviano. Un accidente que tuvo su hija mayor lo forzó a dejar la Academia dos años después.

“Papá, tú eres el mejor papá del mundo, porque ahora que no hay fútbol, igual vas a trabajar y vas a ganar harta plata para comprarme las muñecas que yo quiera”, le dijo una mañana su hija de cinco años, cuando el negocio de la hamburguesería arrancaba. Esas palabras entusiasmaron a este hombre, para quien el tiempo transcurre de prisa y en etapas muy bien delimitadas.

A los 17 años formó pareja con Inti Wara Leticia Leytón, con quien tiene dos hijas. A los 19 dio un salto al Bolívar y después de una larga pausa retornó a La Paz para jugar en Always Ready en marzo del pasado año. El equipo alteño le echó ojo cuando su club  jugó frente a Industrial de Tarija, en el que Vargas era el volante de contención. Era la final para el ascenso a la Liga Profesional. Y ya en Always Ready, debutó frente a Destroyers de Santa Cruz.

Estuvo en Always Ready hasta una semana antes de que lleguen los primeros casos de la Covid-19 a Bolivia. Inicialmente él pensó que este virus se quedaría en Europa. Sin embargo, cuando Brasil registró sus primeros casos, Vargas se asustó.

Todo ocurrió a la velocidad de la pelota. Los primeros días de marzo, justo un año después de su regreso a La Paz, retornó a Tarija, porque –además– Always Ready decidió cederlo a préstamo. Ni bien pisó su tierra, se incorporó al equipo Real Tomayapo, club representante de Tarija  en el Nacional B para jugar  el ascenso  a la Liga. 

La cuarentena se vino encima y apenas se entrenó en su nuevo club dos  veces. “La situación se venía medio compleja cuando se lanzó la cuarentena”, recuerda. Cuando se suspendieron las actividades con la cuarentena, el club licenció a los jugadores hasta nuevo aviso. Sin sueldos. 

Casi inmediatamente  comprendió  que había llegado el momento de emprender.  “Inmediatamente me puse a pensar en hacer algo antes de que mis ahorritos se vayan”,  recuerda Vargas.

¿Qué hacer? 

“Se puso fea la situación. Las ligas europeas suspendieron sus actividades y el fútbol argentino se paró. Entonces, la cosa estaba terrible”, dice, e inmediatamente convocó a su esposa para hacerle una propuesta.  “Vendamos sándwiches”, le dijo, directo. “Analizamos cada detalle. No sabíamos bien la receta. Acá en Tarija los precios de la comida rápida son muy distintos comparados con otras regiones. Es decir, son más baratos. Pusimos precios módicos y ahora nos está yendo  bien”, afirma.

Pero el secreto del éxito de este profesional del fútbol está en la decisión que tomaron antes de emprender el negocio familiar: “hacer los sándwiches  y hamburguesas tal como la hacemos para nosotros”, afirma. “Poco a poco hemos ganado clientela y ahora nos está yendo muy bien”, insiste.

El negocio tardó en establecerse  algo más de un mes, y logró consolidarse en un tiempo récord: tres meses. Abrieron el local en el garaje de su madre, que cuenta con un patio y una verja, en el barrio La Pampa, por el parque Bolívar, que está  en el centro de la ciudad tarijeña. “Gracias a Dios gustó a mucha gente del barrio y en cuestión de semanas logramos pedidos en toda Tarija”, asegura.

Pero esta cuarentena también llegó para él con mucho aprendizaje, como el comprender que mucha gente debe trabajar muchísimas horas para mantener a sus familias. “Ahora sí me he puesto el overol del  que trabaja día a día. La verdad que es muy complicado y muy sacrificado. Nosotros los futbolistas tenemos la bendición de Dios de ser futbolistas. Entrenamos dos o cuatro horas y el resto del día  cuidamos nuestro cuerpo”, afirma.

Y como muchos, Vargas está de pie ya no sólo “horitas al día”, sino al menos 12 de lunes a sábado. Se levanta a las cinco o seis de la mañana para comprar los productos. A las 16:30 abre el negocio hasta las 22:00. Y hasta las 24:00  se desinfecta el local “para que nadie se contagie”.

Meter goles con la  hamburguesa doble y el matahambre;  con  los sándwiches de milanesa, de carne de  pollo, además de  la giba y el lomito, no le quita el sueño de volver al fútbol, que es lo que de verdad ama. Quizá por eso, no hay día que no juegue,  solo, en una cancha de tierra del barrio, “aunque sea una horita”.

Página Siete


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